La melancolia del amor; Cap 2


Ficha Técnica:


Autor: Garcia Diaz Erik Mauricio
Titulo: "La melancolía del amor"
Editorial: Independiente
Año: 2015
Genero: Novela romántica/ suspenso


"La melancolía del Amor"Capitulo II


Judith provenía de una familia patriarcal donde, su padre era el mandamás del hogar, en donde se dictaba y se debía acatar al pie de la letras todas las ordenes de él, Un Señor de 45 años de edad, de estatura mediana y tono de piel canela, tenía un porte de occidente y era dueño dela mitad de la ciudad de Libera, herencia de su abuelo. La madre de Judith, una joven mujer de nombre Alejandra y que era mucho menor que su esposo, ya que tenía 25 años, era una mujer muy elocuente, suspicaz y atractiva. La cual contrajo nupcias con su esposo porque su madre cedió su mano al hacendado señor, desde que ella tenía 19 años, de piel aperlada y muy delicada, un cabello dorado como el de Judith y una voz muy aguda, era una mujer con sueños y metas que jamás logro concretar por la escasez de dinero en su niñez y por la represión de su marido posteriormente.

Alejandra y Sebastián, tuvieron 4 descendientes, 3 de ellas mujeres y 1 varón. Judith era la mayor de sus hermanos y desde pequeña se formó como una mujer independiente, responsable y que mostraba una capacidad emocional muy resistente. Conforme Judith fue creciendo  fue mostrando aptitudes para la medicina, tenía afinidad hacia el estudio del cuerpo humano y todas las ramas de esta ciencia, Una estudiante ejemplar que perfilaba para ser una gran doctora, sin embargo estos sueños se vieron truncados por su padre, el cual no permitió que la pasión por el arte de la medicina floreciera en Judith, Pronto la saco del instituto y su madre se encargó de enseñarla a ser una mujer sumisa como lo era ella, donde las únicas ordenes las daba el padre.

Judith debido a todo eso, creció en un medio familiar inestable, donde ella se sentía frustrada de no concretar sus aspiraciones y al observar a su madre, sabía que de seguir de la misma forma terminaría ella. Una noche de abril ella decido fugarse de su hogar para ya no soportar los maltratos de su padre y sin despedirse tan siquiera y sin perder un segundo, guardo lo más importante para ella en una bolsa de cáñamo y junto a la luna se marchó para siempre de esa desolada casa.
Al ser ella una joven e ilustre mujer logro cautivar la mirada de un talentoso y apuesto hombre de la comarca, el cual se dedicaba al comercio pero tenía habilidades para la pintura y escultura. Algo que le era sumamente atrayente a Judith al poseer una fina apreciación hacia el arte. El joven mozo osó enamorarla  con su personalidad conquistadora, declamándole poesía escrita de propia mano, llevándole día a día un pequeño pero significativo ramo de rosas blancas, las más bellas del bosque de la comarca, el hombre logro seducir con suma sencillez.

El lugar favorito de la pareja era la costa de Archeron, la cual visitaban periódicamente para admirar la belleza del oleaje del mediodía y el sol que centelleaba una luminosa luz que le daba vida al océano. Ahí solían pasar las horas, mirándose el uno al otro, leyendo su alma, sumergiéndose en el deseo de felicidad mutua, Judith jamás sintió tanta calma como la sentía en ese mágico lugar, por lo cual decidió adoptarlo como su pequeño “nicho de amor” y el lugar más especial de aquella comarca, Un lugar que fue testigo del amor vehemente de esa pareja de enamorados.

Los jóvenes enamorados al poco tiempo contrajeron nupcias matrimoniales y Judith pudo impulsar sus sueños gracias a la ayuda de su esposo, ella logro cumplirlos poco a poco y su vida a partir de el empezó a mejorar, conoció el amor que jamás obtuvo con su familia, la protección y seguridad la logro encontrar en los brazos del señor  Narváez. Junto a el logro realizarse como una mujer integra y todo el dolor inoculado en su corazón negrecido logro desaparecer y convertirse en luz de felicidad  que iluminara su sendero durante todo su matrimonio.

Al cabo de un par de años, Judith concibió a su única hija, a la cual le nombraron Gina, desde el periodo de gestación, Gina fue la bendición más grande para el matrimonio, la cuidaron demasiado, como si de esa pequeña niña dependiera la vida de ellos. Un dia 18 del mes de septiembre el fruto del amor de Narváez y Judith llego a este mundo, y junto con ella una pequeña pero acogedora familia que irradiaba felicidad y amor en su hogar y en su vida. Judith por fin supo lo que era ser feliz.

La vida de la familia era perfecta, El señor Narváez logro negocios muy importantes en el comercio que lo hicieron adquirir fama y una riqueza, que aunque no era descomunal, si era suficiente para el sustento de las 2 mujeres que más amaba en su vida. Sin embargo algo cambiaría radicalmente la vida de la familia, una nube de condenación e iniquidad mancillaría la felicidad de ese hogar.

Una noche cualquiera, pero que dicho dia quedaría marcado por el resto de la vida de Judith, El señor Narváez, salió de su morada para comprar víveres, la noche taciturna y gélida marcaria la desgracia del hogar. Camino al almacén, entre la calle de Santa Rosalía y la 9na Avenida, Un tercio de bandidos se acercaron al señor Narváez para hurtar sus pertenencias y el dinero que llevaba consigo, ante la negación del señor, los bandidos le propinaron una golpiza abriéndole la ceja y rompiéndole la nariz de una manera brutal, mientras que 2 de los bandidos despojaban de sus pertenencias a Narváez, uno de ellos saco un puñal y con una fuerza descomunal y de una manera violenta le clavo un par de puñaladas en el costado hasta penetrar el riñón, una puñalada más sufrió en la parte abdominal penetrándole los intestinos y finalmente ya en el suelo, la estacada final en la yugular hizo de ese escenario, un lúgubre y bizarro escenario que plasmaría la muerte de Narváez.

De inmediato un gran tumulto de gente se acercó hacia donde yacía el cuerpo sin vida de aquel ciudadano, en el lugar estaba el puñal aun con la sangre fresca del señor y recostado sobre una Ciénega carmesí producto de la hemorragia, su cara estaba casi irreconocible por los golpes y el cuerpo estaba penetrado y bañado en sangre, una sádica muerte que no se acostumbraba ver por el lugar. ¡Ese cadáver era el del famoso comerciante Carlos Narvaez!.  De inmediato un gendarme salió con dirección a la casa de  la ahora viuda Judith para darle la trágica noticia…

Judith estaba esperando a su amor en el hogar, pasaba de medianoche y el aun no llegaba, la desesperación y la incertidumbre ya estaba apoderándose levemente de la joven cuando de pronto se escuchó el portón del hogar ser tocado con una insistencia desgarradora, Judith al abrir la puerta presintió que algo malo había sucedido, cuando vio parado al gendarme frente a su portón, ella se quedó inmutada.
-        Buenas noches señora de Narváez.
-         Buenas noches señor.
-        Disculpe que la moleste a estas horas de la noche pero… debo venir a darle una noticia respecto a su esposo el señor Narváez. El… Fue encontrado sin vida en la Calle de Santa Rosalía.
Al escuchar eso, Judith quedo estupefacta y su piel instantáneamente se tornó pálida, como si su alma hubiese escapado en ese momento de su cuerpo, dejándola inestable. Su único amor, su felicidad estaba muerta, casi enseguida de eso, sus lágrimas comenzaron a fluir y entro en un ataque interminable de nervios y locura.
-        Señora, por favor no se altere, sé que este es un momento demasiado difícil para usted, pero conserve la calma, necesito que me acompañe a reconocer el cuerpo y después a la comisaria para iniciar los procesos legales para la póstuma exhumación del cadáver y se inicie una búsqueda exhaustiva para hallar a los mercenarios del señor Narváez
El gendarme la sujeto del brazo pero Judith no lograba salir de ese profundo ataque en el que estaba inmersa, era la peor pesadilla para una esposa, la cual pierde a su amado marido de una manera tan imprevista y sanguinaria a manos de un par de bastardos ladrones

El oficial no logro calmar a Judith, así que tuvo que llevarla  hacia la patrulla la cual los llevaría a la escena del crimen. Mientras el oficial conducía por las calles sombrías de la comarca la señora Judith iba saliendo de su ataque y conciliando “aparentemente” una tranquilidad, solo observaba las calles de Santo Tomas nocturnas, ya el reloj marcaba las 2:30 am cuando arribaron al lugar, la gente ya se había dispersado del lugar, a excepción de algunos oficiales, cuerpo médico y uno que otro civil que aun miraba impactada la horrorosa escena del asesinato.

Judith se acercó rápidamente al cuerpo de su esposo Narváez, no podía creerlo, estaba apuñalado por casi todo su cuerpo, bañado en sangre, con mucho trabajo podía ver su cara desfigurada de su amor, pero en su cara mostraba el dolor del cual fue marcado, ¿Cómo podía ser alguien capaz de hacerle esto a la vida de una persona?, ¿Por qué el desafortunado fue su esposo?, ¿Qué haría ella ahora sola, sin felicidad’, ¿ Qué pasaría con su hija?. La cabeza de Judith se colmaba de preguntas, de dudas, de dolor, ella toco la cara de su esposo mientras le decía:

-        Amor, No me dejes sola, Yo no podre seguir mi vida sin ti, Por favor…
En ese momento la mirada de Judith alcanzo a ver el puñal que estaba aún penetrando el abdomen de su marido, ella lo saco del cuerpo y lo observó bañado en la sangre bendita, la sangre más preciada que podía existir en el mundo de Judith, acto seguido lo coloco en su yugular, (Eso solo podía significar algo). En ese preciso momento, el oficial la vio y rápidamente corrió hacia donde se  encontraba para arrebatarle el puñal antes de otra desgracia esa noche.

-        ¿Está usted loca señora Judith?, ¿Qué pensaba hacer?.
Judith miro al oficial con la vista un tanto perdida, y balbuceo frente a el:
-        Debo irme con mi esposo, el me espera en el mas allá.
-        Por favor señora, sé que se encuentra en shock pero debe volver en si, piense en su hija, su hija esta pequeña y la necesita. No creo que Narváez hubiese estado de acuerdo en que usted abandonase a su única hija. Su más preciado tesoro.
Judith no contesto ya nada y solo volteo a ver a su esposo, como lo levantaban para llevarlo al anfiteatro de la comarca.
-        Señora Judith es necesario que nos acompañe a la comisaria para firmar el papeleo necesario de exhumación y carta de defunción,  así como el permiso de búsqueda de los ladrones, debe levantar un acta, entre otras cosas. – Dijo el oficial.
Judith solo camino hacia la patrulla y sin decir absolutamente nada subió a ella, el oficial subió y fueron hacia la comisaria que no se encontraba tan lejos del lugar. Ahí Judith firmo e hizo todo lo que le pedían, pero su gesto pareciera ser el de un cuerpo sin vida, pálido, frio, con la mirada ida, esa bella mirada que cautivo hace algunos años atrás a Narváez, ahora el brillo de esos ojos estaba opacado, su cabello enmarañado y con una muy notoria sensación de melancolía fructífera.

El reloj marcaba las 5 am y con ello, el sol empezaba a anunciar su llegada, saliendo por el horizonte, pintando el cielo carmesí, como lo fue la madrugada, un carmesí repleto de dolor, de sangre… Para esa hora Judith ya estaba llegando a su hogar, aquella construcción que perdió el calor, perdió la felicidad y no era digna de llamarse “Hogar” solo era un montón de ladrillos y ventanas lúgubres. Lo primero que hizo fue entrar a la habitación de su hija Gina y al observar que aún seguía en su sueño, Judith fue hacia su recamara a tratar de descansar un poco.

Después de este día su vida ya no sería la misma, ya no sería vida, ahora el nuevo dilema era, ¿Cómo se lo explicaría a su hija?. Judith escucho que Gina estaba ya levantada, escucho sus pasos descendiendo por las escaleras y volteo hacia su reloj, el cual marcaba las 11 de la mañana. Judith se levantó, se dio un baño y se puso su vestimenta, al observarse al espejo se dio cuenta de que los ojos estaban rojos y su cara estaba en exceso demacrada, no iba a permitir que su hija la viera de esa manera, así que trato de fingir una felicidad inexistente y prosiguió a bajar, era la hora de charlar con su hija y sobre como seria ahora la nueva vida de este par de bellas mujeres, pero sin reflejar el dolor que sentía en su interior.

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