La melancolia del amor; Cap. 3


Ficha Técnica:


Autor: Garcia Diaz Erik Mauricio
Titulo: "La melancolía del amor"
Editorial: Independiente
Año: 2015
Genero: Novela romántica/ suspenso


"La melancolía del Amor" Capitulo III


- Buenos días Gina, ¿Cómo haz dormido?, ¿Tienes hambre? En un momento preparare ya el desayuno, Discúlpame, pero me he quedado dormida.
- Buenos días mama. No te preocupes, Yo ya he hecho el desayuno –señalo Gina hacia la mesa, donde había un par de platos con un homelet en cada uno-
Creí que mi padre y tu habían estado ocupados trabajando hasta muy noche y por eso no se habían despertado como suelen hacerlo cuando empieza a salir el sol.
-        Muy bien hija, muchas gracias, ¿Ya desayunaste?
-        Ya mama, esos platos son para ustedes. Por cierto ¿Por qué mi padre no ha bajado aun?
En ese instante, Judith sintió nuevamente la melancolía de hace unas horas atrás, casi con lágrimas en los ojos y con la voz un poco quebrantada dijo:
-        Gina, Hija debo decirte algo, y no puedo mentirte ni ocultártelo, aun eres muy pequeña y se que esto te producirá mucho dolor, pero ayer por la noche que tu padre salió por los víveres, en la avenida principal unos ladrones lo atracaron y le quitaron la vida. Tu padre ha muerto...
-        Madre…
Cuando Judith termino de decir eso, Gina, comenzó a llorar, y aun a la poca edad que poseía, sintió un dolor muy grande, ella estaba consciente de que su padre ya no volvería a la casa nunca, Aquel hombre que era su adoración, su ídolo y ejemplo a seguir, el que le cantaba cada noche, el que pintaba a su lado, Aquel padre tierno que cuidaba a su hija con su vida propia, que la arropaba y le mostraba el camino para ser una mujer de bien. Ese hombre Ya no la volvería a abrazar, ese hombre ya jamás volvería a estar a su lado.

-        Mama, ¿Es cierto eso?, ¿Cómo es que sucedió eso?, no puedo creerlo, ¡No quiero creerlo!. Mama
-        Gina calma, Hija mia, ven a mis brazos.
Judith abrazo con mucha ternura y con un sentimiento de protección a su pequeña y destrozada hija, aunque ella por dentro estuviera mucho peor que ella. Aunque en su interior ella desearía estar muerta. Debía mostrar fortaleza para sacar a su hija adelante, para que no cayera ante la vida, debía fingir que todo estaría bien, que ambas podían superar esta adversidad de la vida.

-        Gina, juntas saldremos de esto, yo nunca te dejare sola, te cuidare como lo que eres, lo más bello de mi vida, aunque tu padre ya no este junto a nosotras, sé que juntas y con el amor que nos tenemos la una a la otra, no nos será imposible superar esto, no será pronto y mucho menos sencillo, podremos tardar tal vez años, pero saldremos Gina, créeme que yo jamás dejare que te suceda nada malo, soy tu madre y como tal te protegere siempre con mi vida en nombre de tu padre que ahora nos cuidara desde donde sea que se encuentre y el mio que te amo con todo mi corazón…
-        Mama, No puedo imaginarme el resto de mi vida sin él, yo lo amaba tanto, así como te amo a ti, quiero a mi papa, ¡Necesito a mi papa!- Exclamo en lagrimas y sollozos.
-        ¡Lo se Gina!, No tienes una idea de cuánto adoro a tu padre, fue lo único bello en mi vida, el mejoro mi pasado e hizo amar mi presente. Sin él no sé cómo o en donde estaría en estos momentos. Por favor Gina, hagamos el juramento de que juntas saldremos de esto, apoyándonos mutuamente, aun a tu escaza edad y con mucha vida por delante, vamos a ser un par de mujeres fuertes y siempre, siempre unidas, Te amo Hija. Te amo tanto…
-        -Mama, te amo, jamás me dejes sola por favor, ya no quiero volver a sufrir, no quiero quedarme sin ti nunca. Te amo mama.
Entonces el ambiente se destenso un poco, Judith estaba convencida de que si quería que su hija creciera feliz y adecuadamente, debía ser fuerte, debía estar feliz para hacer feliz a su hija, así que desde ese día ella se propuso nunca dejar de sonreiría (al menos frente a Gina) y conforme pasaron los años ese juramento se cumpliría.

Esa tarde las jóvenes damas, pusieron un pequeño altar en la sala, con el retrato de su padre y veladoras, día a día frente al altar, pedían por el alma de su padre y ellas se sentían protegidas por él, así ellas pudieron superar más rápidamente ese dolor y siempre teniendo presente la memoria de su ser más amado en este mundo: Su padre y esposo.

Gina, siempre creció recordando a su padre, siempre tenía presente en su mente todos los preciosos momentos que pasaron juntos, aunque o hacía de una forma bella, sin que existiera el sentimiento de tristeza, ella se ponía feliz al recordar a su padre, sabía que gracias a él y su madre, ella era la clase de dama que era, y siempre pensaba que su padre estaría orgullosa de ella si salía adelante a pesar de su muerte, como en vida, una vez su padre le dijo: “Querida hija, cada vez que tu sonríes, iluminas mi vida, cada vez que te veo jugando, alegre de la vida, me transmites tu paz, tu tranquilidad, mientras tú seas feliz y tengas esa silueta de felicidad en tus labios y tus mejillas ruborizadas yo seré feliz Gina”.

Por esa razón ella siempre trataba de sonreír, creía que su padre la observaba y viéndola feliz, el estaría en calma, el estaría feliz, y de esa manera quería tener a su padre presente en su memoria, feliz, y sabía que a la vez, su madre también necesitaba verla feliz para que su madre estuviera feliz, como el juramento que se hicieron mutuamente. Su madre día a día sonreía, jamás permitió que su hija la viera derrumbada, aunque la realidad era que en su interior jamás logro superar la pérdida de su amado esposo…

Así transcurrieron los días, los meses y los años, la pequeña niña sufrió la metamorfosis a una bella mujer de 17 años, una joven y feliz musa con amor a la vida, con una personalidad carismática y enigmática, siempre positiva ante cualquier adversidad, gracias al cariño y ayuda de su madre.

Judith se sentía tan orgullosa de su hija, de haber sabido enfrentar la pérdida de su padre desde muy joven, porque a diferencia de Gina, ella no lograba superar esa dolorosa pérdida hace ya años atrás, vivio todos estos años con ese dolor espantoso dentro de ella. Cada noche al acostarse deseaba estar muerta, pero al despertar y ver a su hija solo mostraba un dulce mirada matutina hacia Gina que iba siempre acompañado de abrazos y risas en el desayuno, lo cual motivaba a Gina a ser feliz.
Los días transcurren tan sombríos para Judith, la cual se sentía devastada, tan joven pero tan desintegrada, la luz era apaciguada por espacios oscuros que le hacían cavilar ideas que jamás habían aparecido en su mente con anterioridad, la muerte ahora es parte de ella, dia tras dia puede sentirla, sabe que su fría mano ha tocado la vida de ella y Gina, el temor habita en cuerpo y alma, jamás podría huir a la realidad, jamás podría superar que la luz algún dia se extinguira junto a un cuerpo putrefacto que la muerte tomara en su poder…

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